He visto Grey’s Anatomy más veces de las que me gustaría admitir y la primera vez que la vi, creía que Meredith y Derek eran almas gemelas y su amor era épico, digno de admirarse e incluso yo misma soñaba con encontrar a mi McDreamy; empece a replantear lo que pensaba cuando vi la serie por tercera o cuarta vez, y me di cuenta que Derek no era tan de ensueño y que la manera de resolver los conflictos entre ellos era, casi siempre, malísima.
Comencemos por el principio. La primera temporada de la serie gira en torno a la emocionante vida de Meredith Grey en sus primeros días como médico interno en el hospital Seattle Grace; entre todas las cosas nuevas que vive Meredith, la que más se destaca es su relación ilícita con su jefe, el neurocirujano Derek Shepherd, de quien se enamora después de que éste hubiese sido su one-night stand. Todo parece marchar como en un cuento de hadas, hasta que al final de la temporada conocemos a Addison, la esposa de Derek.
Claro que Grey’s Anatom y es una telenovela gringa disfrazada de serie y no podría faltar el drama llevado al extremo pero, el problema real de lo que proyecta esta pareja es cómo percibimos las relaciones románticas y creemos que así funcionan en la vida cotidiana, cuando en realidad, es totalmente distinto; en este mundo, tu one-night stand de Tinder, no se convierte en el padre de tus hijos y cuando tu jefe se te insinúa en elevadores, se llama acoso sexual.
Ahí radica el problema con las relaciones que vemos en la pantalla, donde muestran parejas “destinadas” a estar juntas que nos enseñan el significado de “amor verdadero”, aunque el significado de éste sea aguantar insultos, mentiras, desconfianza, entre otras cosas. Si aún no me crees, echemos un vistazo a algunos momentos que te darán pistas al respecto:
- Después de intentar llevar una relación amistosa con Derek, dado que él estaba casado, éste le insinúa que es una zorra cuando se entera que ella ha estado pasando la noche con varios hombres. Recordemos, él estaba casado y ella soltera.
- Cuando Meredith conoce a un hombre con quien entabla una relación sana, sin drama y sin mentiras, Derek se enoja con ella porque piensa que se acostó con él. Otra vez, él estaba casado y ella soltera.
- La intermitente anteposición de las necesidades de él ante las de ella. Durante toda la serie, Meredith se adapta a los planes de Derek, desde esperar a que él decida si quiere dejar a su esposa por ella, hasta escoger su especialidad en medicina basado en lo que mejor le convenga a él.
- Ni por un momento olvidemos cómo trató Derek a su esposa mientras “intentaba” salvar su matrimonio. Sí, ella lo engañó a él primero, pero habían acordado intentar trabajar en su relación y lo único que Derek hizo fue humillarla frente a sus colegas y usarla como venganza cuando creía que Meredith se acostaba con alguien más.
Lo realmente preocupante de todo esto es que, de alguna forma, todo esto nos parece aceptable porque, a pesar de todo, el amor que Derek sentía por Meredith era verdadero, lo que sea que hiciera o dijera estaba justificado por ese amor de cuento de hadas que sentía por ella pero recordemos la icónica escena con la que cierra la décima temporada, Cristina Yang deja Seattle Grace para dirigir un hospital a Suiza y antes de irse, le dice a Meredith “he’s very dreamy but he’s not the sun, you are” (él está de ensueño pero no es el sol, tú lo eres).
Tomando en cuenta esa frase, no debería extrañarnos que incluso para la creadora, Shonda Rhimes, fuese muy evidente que nunca fueron la pareja perfecta y sacar a Derek de la serie fue un movimiento más consciente de lo que pensabámos para el beneficio de Meredith. Porque sí, hay muchos momentos épicos, como la casa hecha de velas, la propuesta de matrimonio en el elevador, el post-it, etc., pero si damos un paso atrás y dejamos de ver a esta pareja como un todo y nos concentramos en Derek, un hombre que antepone sus necesidades frente a las de su familia, con el ego hasta el cielo, condescendiente, que lastimó y humilló, conscientemente, a su primera esposa, justificándose en el amor, y que construyó las bases de una relación a través de mentiras hace que nos preguntemos ¿es ese el hombre con el que deberíamos aspirar a estar?
Lo más importante de esto, es que tenemos que darnos cuenta que normalizar ese tipo de conductas y, peor aún, romantizarlas es algo que nos causa muchos problemas cuando nos enfrentamos a relaciones reales porque, como lo hicimos una vez con Derek, justificamos esas conductas pensando que la razón detrás de mucho maltrato es el amor. Tomemos el ejemplo de Cristina Yang y considerémonos a nosotras mismas como el sol, capaces, valientes y autosuficientes.